Yo aun creo en el Futbol
Llevo varias semanas pensando en darle la razón a un amigo que, apostado en una barra de bar y con ciertas dificultades para hablar debido probablemente a que su café estaba demasiado cargado, me afirmó rotundamente: "Anais el futbol ya no es lo que era."
Pues bien, yo, que en ocasiones peco de listilla y que me creo una mujer de fútbol, después de discutir un largo rato con mi amigo, me fui a mi casa satisfecha con mi exposición y creyendo a pies juntillas que le había convencido, pero a día de hoy pienso que me dio la razón simplemente por agotamiento.
Después del omnipresente clásico y tras un mes de cruces de declaraciones y lanzamiento de trastos a la cabeza, eso sí con gran sutileza y educación; y una semana más de «manita por aquí», «a la vuelta ya veréis», «que si el señor de bigote tenía razón» (..) y demás memeces. Me he dado cuenta de que efectivamente «el fútbol ya no es lo que era».
Les hemos dado un baño de humildad , es para mi gusto la frase del mes, la cual mencionaba cierto futbolista al finalizar el choque y que me hacía saltar del sofá y cuasi colgarme de la lámpara de araña de mi salón ¡Es increíble que estos personajillos hablen de humildad!, clamaba una voz desde la cocina; con lo que cobran» volvía (...); ¡ni tanto! Respondí.
Por suerte o por desgracia llevo desde los cuatro años jugando y sigo aunque ya no como jugadora, (por salud) porque creo en el fútbol, más bien, en nuestro fútbol; aquel de cuatro días de entrenamiento y uno más de partido el fin de semana; aquel que se entrena en terrenos embarrados y por el cual mi madre tuvo que cambiar la lavadora dos veces; el de los clubes los cuales hacen malabarismos para poder pagar a sus jugadores.
No se equivoquen; sus socios son tan exigentes o más que los de los clubes profesionales y exigen resultados e incluso buen fútbol sin saber las condiciones a las cuales están sometidos esos futbolistas y sus clubes.
Futbolistas de ocho horas o más de trabajo, que luego cogen el coche en mitad de la tarde-noche , llegan como se puede al campo de entrenamiento y vuelven para casa porque donde había un campo, ¡vaya! ahora no lo hay.
Pero no pasa nada, tenemos ilusión y ganas, no nos mueven los ceros; al acabar el partido damos la mano, no la enseñamos con regocijo (...) y el lunes a las siete de la mañana en pie y como alguien dijo una vez, nosotros jugamos a fúbol sin t, el que lleva t es el de la tele».
En fin, éste es mi fútbol, en el cual se dan baños de humildad todos los días y del cual estoy muy orgullosa.
Gracias una vez mas por leerme !
Ana Martínez

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